¿En el deporte de rendimiento no se enseña a los deportistas?, ¿un entrenador personal no enseña a su cliente? ¿Son éstos, entonces, procesos de instrucción también? Naturalmente que sí. Con características diferentes, unos más obligatorios que otros, en estadios diferentes de la formación de la persona, pero en todos ellos se producen interacciones entre el enseñante (el técnico, el entrenador o el profesor) y el aprendiz (el cliente, el deportista o el alumno).
Hay dos ámbitos que tienen su proceso de instrucción
más definido desde el punto de vista conceptual.
La Educación Física mediante el diseño curricular que
responde al esquema básico de una programación a partir
de los tres niveles de concreción (Servicio de Ordenación
Curricular, 1993) y el Rendimiento con una terminología
propia: los microciclos, los macrociclos, las
pretemporadas… (Verjoshanski, 1990).
En el otro extremo hay ámbitos que algunos profesionales
consideran procesos de instrucción en los cuales
se dice muchas veces, erróneamente, que no es necesario
programar: el ocio, el tiempo libre, el turismo, y
hasta la iniciación deportiva.
Una forma de aprender es analizar qué hacen esos profesionales considerados “expertos” y, a partir de este análisis, extraer los indicadores de éxito que definen al ténico experimentado (Pieron, 1999).
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